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septiembre 04, 2017

Capital Social



No recuerdo si ya he contado esto en este espacio pero da igual... El fin de año de 1998 fue el peor de mi vida. Eso es mucho decir si tomamos en cuenta que el de 1975 fue el primero sin mi padre y que en el 2012 estaba yo intentando recoger del suelo los trozos en los que se había convertido mi vida.
Pero el 98 fue el peor de todos porque además del fin del mundo de turno, me sentía sola.

Me recuerdo a mi misma en mi versión más patética, viendo la televisión y comiendo compulsivamente chocolates rellenos de cereza.

Había terminado con mi dispareja (mi primera) y con la relación que me agencié como clavo-que-saca-otro-clavo (leyenda urbana). Ambas estaban tan enojadas conmigo que se habían liado entre si, yo no tenía amigos propios, mi madre se sumía en su propia depresión, mis hermanos estaban con sus familias y para acabar pronto nadie tuvo el detalle de siquiera llamar para felicitar el año.

Al día siguiente amanecí poniendo en orden todas mis cosas, sacando todo lo que no me pertenecía y, lo más importante, con el firme propósito de hacerme de amistades propias y de no volver a pasar un fin de año igual de malo. 

A partir de ese día comencé a establecer relaciones de amistad con la gente con quien sentía afinidad. Comencé a ir a las reuniones a las que me invitaban, ir a comer o tomar un café con compañeros de trabajo, participar en los festejos de la oficina... retomar amistades de antes y que estaban por allí un tanto descuidadas.

Me fui haciendo de grupos, el del trabajo, el de mis excompañeros de estudios, el de mis compañeros de trabajo voluntario, gente que conocía por Internet... mi vida se enriqueció con diversos círculos que he ido consolidando con el tiempo. Algunos se han ido pero los más afines y más queridos, permanecen.

Hace un año o dos, platicando un día acerca de la situación económica con una amiga socióloga, le comentaba que me parecía que cualquiera podía quedar en situación de calle enlazando dos o tres golpes de mala suerte y ella me respondió que era verdad, sobre todo si no contaba con un capital social y me explicó el concepto.

Experimenté una epifanía. Resultaba que eso que había estado haciendo por años tenía nombre en la teoría sociológica. Me he pasado años construyendo un capital social.

Por eso llegó el momento en que tuve que buscar gente cuando vivía en España. Gente mía, no la de mi ex. Mi propio capital social. Ese fue el motivo para abrir el blog y también por eso cuando terminó la relación tuve la imperiosa necesidad de volver a México, porque aun cuando mi capital español estaba allí, sentí que había falta algo más. 

Siempre voy a estar agradecida con las amigas que en España tejieron con sus manos una red que impidió que me desmoronara, con el amigo que en México me prestó dinero (sin plazo de devolución), para comprar un coche; con la amiga que me dio trabajo diciéndome que el favor se lo hacía yo a ella por integrarme en su plantilla laboral; con la amiga que me contuvo cada vez que me daban ataques de miedo y me decía que no pasaba nada, solo que estaba pinchemente lejos pero que ya faltaba menos para volver; con mi hermana y mi cuñado que sacrificaron sus espacios para hacerme sentir que volvía a ser hija de familia... con ese capital social que consiguió que tuviera las condiciones necesarias para reconstruir mi vida y comenzar casi desde cero otra vez.

Esto es un camino de ida y vuelta y por supuesto estoy dispuesta a hacer por mi gente lo que han hecho por mi pero no en plan pago, sino como quien hace circular la moneda de la que se conforma este capital: la solidaridad.

Esta es la fuerza  que permite que salgamos adelante de cualquier problema, menos aquel que no tiene solución. Yo se que esta riqueza no permitirá que vuelva a tocar fondo. Me siento plena y profundamente agradecida. 

abril 08, 2012

Cosas que no quiero

Imagen tomada de aqui



Es común que cuando una es niña o muy joven se ponga a imaginar lo que le gustaría para su futuro; cuando sea grande quiero tener hijos o estudiar tal o cual carrera o viajar o tener mucho dinero... hay tantos futuros posibles como imaginación.

Según va pasando la vida esos planes van cumpliéndose o no pero en el mejor de los casos una va construyendo su presente de la manera que más le acomoda y consigue ser razonablemente feliz.


Para mi ha sido sencillo porque cuando era niña no me imaginaba nada particularmente definido, excepto lo de ser antropóloga (que no se ha cumplido) pero de allí en delante, lo que ha venido ha sido fabuloso por inesperado... una vida llena de sorpresas de la que no podría quejarme ni aún cuando buscara motivos.

Tomando en cuenta que tengo cuarenta y nueve años, me parece que ya no me queda bien eso de estar pensando en "cuando sea mayor quiero ser..." Despierta Pena, ya eres mayor. Lo que no deseaste en su día, ya se te ha dado y con creces. Estás sana, has tenido trabajos fantásticos, has ganado dinero, te lo has gastado, literalmente no tienes donde caerte muerta porque has venido a dar a un país donde la gente paga su entierro casi desde que nace y tú llegaste con más de media vida recorrida pero tienes una familia, unos amigos, una casa por pagar llena de seres vivos a los que quieres, no se puede pedir mas.

Conviviendo con la Tía Pilar me he dado cuenta que ahora lo que me toca es ponerme a pensar en lo que no quiero para esa vejez a la que no sé si llegaré... pero, ¿y si llego?


  • No quiero llegar enrollada en mi propio ombligo. Es muy triste ser anciana y que lo único que te preocupe es tu propia persona, tus medicamentos, tus alimentos, tus programas de TV, tu ropa, tu trombocid, tus pañales. 
  • No quiero que en mi vejez alguien tenga que ayudarme hasta para ir al baño; que no pueda moverme por mi misma, que me cueste trabajo ir de la silla a la cama.
  • No quiero tener mis facultades intelectuales tan deterioradas que no sepa qué fecha es y me parezca que el día de hoy es el de mañana o el de ayer.
  • No quiero necesitar a María Teresa Campos ni a nadie que haya en mi supuesta vejez en la televisión (o en lo que haya cuando yo sea una pasita) para que me entretenga.
  • No quiero recurrir al chantaje sentimental con mayor o menor éxito para conseguir lo que se me antoje.
Tengo la ventaja de que no he tenido hijos y mis sobrinos están más bien lejos con lo que será complicado encontrar a alguien para chantajearlo. En ese sentido, supongo que puedo estar tranquila con respecto al último punto. Para los demás, ahora sé que no es rollo mareador cuando en todas partes te dicen que es necesario hacer ejercicio físico, que es bueno hacer algo por otras personas y no centrarse en una misma, que hay que preocuparse por tener una red social más o menos amplia y sólida, que una tiene que procurar tener una actitud positiva, que hay que comer bien para no tener tantos achaques y lo que quizá es más importante: una debe ejercitar su intelecto: leer, hacer sudokus, estudiar idiomas... ¡sacudir neurona!

James Dean decía que uno debía vivir de prisa, morir joven y dejar un cadáver hermoso. Yo ya voy tarde a menos que me hagan la autopsia en Corporación Dermoestética, no queda más remedio que trabajar la vejez ahora que hay tiempo para hacerlo. De todas maneras, es el tipo de preparativos que se disfruta, de lo que se trata es de acumular bienestar para el futuro.

abril 02, 2012

No gano para sorpresas

En diciembre del 2010 publiqué una entrada relatando un... llamémoslo incidente, que tuve con uno de mis vecinos. Para quien no quiera releerlo le diré  en pocas palabras que al fulanete se le saltó la cadena de los tiempos y arremetió contra mí como energúmeno porque según él mis perras ladraban mucho.

Como las clases de teatro han sido fundamentales en mi vida, no le demostré lo mucho que me desestabilizó su arranque de violencia. En el tiempo que ha transcurrido desde entonces lo he castigado con el látigo de mi desprecio mirándolo fijamente cada que nos cruzábamos y regodéandome en la manera en que él bajaba la mirada... aunque por dentro estaba yo cagada pensando si se le iría a ocurrir volver a venir a mi casa a gritarme de nuevo o peor aún, acercarse a darme un madrazo...


Ya se me había hecho costumbre la situación cuando el sábado (antes de ayer) estaba yo con mis chuchis viendo mis plantitas y veo que viene el tipo con su perra y yo, disimuladamente, decidí meterme a casa porque no tenía ganas de que mis perras se pusieran a ladrar al verlo, que él me girara la cara con gesto agrio, que yo tuviera que poner mi fachada de "paso de ti como de la caca", etc.

En eso me doy cuenta que el fulanete no sólo no se había ido sino que estaba tocando a la puerta (!!!)... entré a la casa volando y al momento ya estaba deteniendo a mi güera que ya estaba casi en la puerta para abrir y le digo:
 "Noooooooooooooooooooooo... no abras!!! es el viejo loco!!! a ver si va a venir a gritarnos de nuevo... noabrasporfavorporfavorporfavor..."

La pobre se me queda viendo con cara de: "¿qué te pasa? ¿no que muy valiente?"

Total, que después de un pequeño estira y afloja se impone la razón y va ella a abrir la puerta mientras yo hago como que sujeto a Toba... o sea, me escondo detrás de la perra más grande que tenemos...

Resulta que el tipo nos traía un saco de pienso y una bolsa de golosinas para las perras... alucinada del todo, oigo que le está diciendo a mi güera que lo lleva como un regalo de su perra para nuestras chuchis.

La sorpresa fue tal que se me olvidó que tenía miedo y para cuando me vine a dar cuenta ya estaba yo en la puerta, con el pienso y las golosinas en la mano y diciéndole al vecino en algo que pretendía ser inglés que yo no quería nada que viniera de él porque era un grosero que me había gritado...

El tipo me dijo que por favor lo aceptara y que quería disculparse. Cuarenta y ocho horas después sigo sin salir de mi asombro. No he conseguido dar con una explicación a lo sucedido. Me parece increíble que haya recapacitado y haya venido a pedir disculpas. Creo que los extraterrestres lo abdujeron y dejaron en el lugar del verdadero a su réplica bien educada. También puede ser que le hayan dicho que tiene una enfermedad terminal y esté arreglando sus asuntos... o quizá simplemente es que los mayas tenían razón y esto es una seña más del fin del mundo...




marzo 05, 2012

Es lo que hay


Foto tomada de aqui

La depresión es una enfermedad pero cuando vives con alguien a quien amas y que la padece en episodios que arremeten de vez en cuando, terminas por sentir que en realidad la depresión es como una masa viscosa que va pringando todo lo que está alrededor de la enferma.

Primero va saliendo en destellos, como para avisar: una nota de pesimismo, un cambio en el patrón del sueño, cambios en el apetito... nada relevante si no estás atenta. Signos aislados que que cuando los ves en retrospectiva toman sentido.

Después un día la persona amanece completamente rodeada, cubierta, atada y con los ojos vendados. Secuestrada, abducida, alienada. Inaccesible.

Entonces, si te importa, respiras profundo y le pides a quien creas que la cosa no se prolongue demasiado. Te la echas sobre los hombros y la arrastras al médico.

Mientras que va pasando el tiempo y en lo que la medicación hace su efecto, la masa viscosa se va extendiendo aun más y amenaza con cubrir a la tía, a las perras y a tí. Como te armas de paciencia, música y energía (todo sazonado con fluoxetina preventiva), consigues salir salpicada pero no cubierta.

Cuando la tía comienza a darse cuenta de que ha perdido el protagonismo y que la masa viscosa le gana por goleada, echa mano de las armas pesadas y en un intento por recuperar centro escénico comienza a gimotear diciendo que es su culpa. Tú no estás para perder el tiempo: le dices que puede que eso sea cierto pero que en este momento no te puedes detener a decidir si lo es o no y que hay alguien que requiere más de tu energía y que si realmente quiere ayudar, deje de poner la boca de ocho... mano de santo. Lägrimas desaparecidas, hipótesis acertada. Intento de chantaje abortado. Sigues atendiendo a la víctima de la masa viscosa.

A estas alturas la masa ha obligado a la víctima a enrollarse en su propio ombligo y piensas que esa es la fase que más aborreces de la enfermedad porque la persona de la que te enamoraste, con la que te casaste y con quien has vivido cerca de cinco años está tan obnubilada que no la reconoces. Sus percepciones están teñidas de negro y solamente puede pensar en lo que siente, en lo que teme, en lo que sufre, en lo que le va a suceder... ombligo, melik, ombligo.

Nada es para siempre. Te lo repites como un mantra y te ayudas echando mano de tus salvavidas habituales:


  • Ordenas, reordenas y recontraordenas rincones clave de la casa: la ropa, los libros, los discos, las películas, las fotografías, la cocina.
  • Sales por ratos y buscas como enajenada esos retales que quieres para poner en tela los diseños de bolsos que bullen en tu cabeza.
  • Te refugias en tus rutinas tranquilizadoras para el día a día. Te vuelves adicta al rummikub. Sales a caminar un poco acompañada de las perras, una diferente cada vez...
  • Te inscribes en un taller de creatividad lleno de generosidad y esperas que se pueda realizar pronto...
  • Desarrollas cierto odio por la televisión y los periódicos y vuelves a tu viejo romance con la radio...


Día con día la masa viscosa remite. Lo hace realmente despacio. Milímetro a milímetro. En el fondo piensas que igual y es mejor, hay aprendizajes que necesitan afianzarse.

Confías en que pronto llegue el  día en que seas capaz de encontrar aunque sea una imagen por semana para reintegrarte al ritual de "este momento" y agradeces de todo corazón a ese par de amigas muy queridas que no te han dejado sola en este tiempo...

Y eso, que sigues poniendo un pie delante del otro...

Por cierto y en otro asunto... mañana día 6 de marzo cumplo cinco años de haber llegado a vivir a España...

marzo 04, 2012

Solo se trata de vivir

Tanto tiempo sin escribir aquí,  porque una nunca deja de escribir, pero esta mañana escuchando un programa de  radio que me encanta (Café del sur, radio 3), he conocido una canción argentina que me ha hecho ver un rayito de luz. Y es que a pesar de que en la vida de toda persona muchas veces hay rachas miserables, nada es  para siempre...


diciembre 28, 2011

Fin de año



1997 fue un año movidito que daría para muchos post, pero hoy elijo el fin de ese año. Al llegar el 31 de diciembre estaba sin pareja por primera vez en casi nueve años y de pronto me di cuenta que no tenía ni un solo amigo propio.

Estaba dentro del armario para casi toda mi familia excepto mi madre y mi primo que vivía en Nueva York. Mis hermanos había hecho planes para recibir el año con sus familias fuera de sus casas. Mi madre estaba en uno de sus frecuentes lapsos de bajón/enfado/introspección. Habiendo pasado taaaaanto tiempo emparejada, no me atrevía a salir sola de viaje ni de fiesta... vamos, que todo el espíritu patético de Bridget Jones se quedaba corto comparado con el mío.

Recuerdo que pasé esa noche viendo la TV en mi habitación mientras que mamá veía la suya en su cuarto, abrazada a una super caja de bombones que fueron cayendo uno por uno alternados con cigarrillos... no sé cuánto fumé esa noche. El rato que no estaba fumando o masticando, estaba llorando. Lo malo de ser abstemia es que no puedes beber hasta caer inconsciente...

Nadie me llamó para felicitarme el año... un asco, vamos... pero también me sirvió. Al día siguiente amanecí con los ojos amoratados de tanto llorar y la firme convicción de que haría todo cuanto estuviera en mi mano para que ese fuera el peor fin de año de mi vida. Hasta el momento lo he conseguido.

Comencé sacando de mi casa todo lo que perteneciera a mis ex y poniéndolo en cajas para entregárselo cuando las viera.
Seguí haciendo una gran limpia en mi armario y poniéndolo en orden. Recuerdo que mi madre me veía como si me hubiera vuelto loca... cambié de lugar los muebles de mi habitación, renové mi espacio.

En las semanas siguientes empecé a buscar amigos. Esa fue la parte más difícil para mi. Comencé a aceptar todas las invitaciones que me llegaban para poder conocer gente, me obligué a socializar con mis compañeros de trabajo y me encontré con que había varias lesbianas a mi alrededor... a la larga no congenié con casi ninguna pero ya lo creo que me divertí en ese tiempo.

En estos días comentando con una amiga ella me decía que tenía que dejar de cifrar su felicidad en los demás  y buscar más en ella misma. Yo estoy de acuerdo en parte pero no del todo. Si yo hubiera tenido alguien cerca ese fin de año no me la hubiera pasado tan mal sin que eso quiera decir que necesito más gente para ser feliz... simplemente es que parte de la salud emocional de una persona depende de tener un grupo social de apoyo.

Este fin de año está siendo un poco complicado pero ni de lejos se compara con el de 1997. La diferencia está en que no estoy sola. Tengo a mi güera, tengo a mi familia política que me ha ido concediendo un sitio que no esperaba, tengo a mi familia de sangre aun cuando esté lejos; todos saben quién soy y a quién amo y eso es importante para mí. Tengo además algo que quien no interactua por Internet puede considerar falso, pero que para mi es muy real y es ese grupo de mujeres que escriben y a quienes leo y que me leen y que vamos construyendo una comunidad muy cálida.

Para todo ese grupo de personas que hacen más mullidos mis días, muchas gracias y feliz año 2012... tendremos que seguir adelante, que ya publicaron por allí que lo del fin del mundo anunciado por los mayas ha sido un simple fallo de interpretación...

diciembre 01, 2011

El otoño es para las madres


Este es mi tercer otoño con este blog y desde el primero, me di cuenta que en este mundillo el otoño es la época propicia para que mis escritoras favoritas se pongan nostálgicas o por lo menos reflexivas. Yo no soy menos, a mí también me hace efecto esta época del año.

A veces nos da por pensar en las cosas que queremos cambiar en nuestras vidas, otras veces nos enclaustramos para completar procesos... a muchas nos da por hablar de nuestras madres. Yo tengo debilidad por este tema porque aunque mi madre se fue hace seis años, para mi sigue estando presente y la echo de menos todos los días, ¡te quiero chata!.

La estancia de la tía Pilar en casa, por ejemplo, me ha servido para redimensionar el recuerdo de mi madre. Cuando ella tenía casi cincuenta y pico, casi sesenta años, se le ocurrió inscribirse en un curso de gerontología. En aquel tiempo eso era algo entre novedoso y raro, pero ella misma era asi... Se enteró de que una buena calidad de vida en la tercera edad dependía no solamente de la salud y la buena suerte sino de trabajo activo por parte de cada persona. Ella decía que en ese curso había aprendido que "los ochenta se cuidan a los cuarenta".

Supongo que por ese motivo nunca dejó de socializar en la medida de sus posibilidades; al final, cuando ya no podía ir y venir de manera autónoma, se mantenía en contacto con todo el mundo por medio del teléfono. El contacto social entre los contemporáneos pero también con otras generaciones es muy importante, ella lo había aprendido. Tuvo la habilidad para hacerse amiga de mis amigos y establecer relaciones con algunos de ellos de manera independiente. En particular una amiga mía a veces llegaba a casa y me decía: "no vengo a verte a ti, he quedado con tu madre para arreglarle las uñas..."

Mamá también había aprendido que mantener la actividad intelectual era como ejercicio para su cabeza; nunca dejó de leer, nunca dejó de enterarse de lo que sucedía en el mundo, siguió discutiendo de política con mi cuñado casi hasta el final, cuando sus posiciones se acercaron por fin.

Ahora sé que esos esfuerzos en buena medida fueron la razón por la que vivió cuatro años después del diagnóstico que decía que duraría, como mucho, dos años y lo hizo con una calidad de vida fantástica en contra de la opinión de su neuróloga que pensaba que los últimos meses serían en una cama, como un vegetal. Mamá trabajó su última etapa y eligió lo mejor para ella. Me puso el ejemplo de lo que debería hacer: mantenerme en contacto con la gente que quiero y me quiere, tener mi cabeza en movimiento, estar en el mundo... en suma, no dejarme vencer hasta que llegue el momento propicio. Eso también lo supo hacer. Supo irse cuando quedó tranquila de que yo estaría bien... aunque tengo la tentación de no hacer lo que ella por ver si viene a reñirme o estirarme los pies por la noche, creo que trataré de imitarla, después de todo, no le fue nada mal.

octubre 30, 2011

Tô Voltando

Vaya por Dios... cuánto tiempo sin publicar... Pues no, la hija de la tía no ha recibido paliza por parte mía y no me han llevado a la cárcel. Nuestra vida ha dado un super vuelco en este tiempo, casi dos meses. Un resumen sería más o menos así:

- Un ingreso hospitalario de la Tía Pilar por anemia aguda, insuficiencia renal aguda, insuficiencia respiratoria, insuficiencia cardíaca, diabetes fuera de control... que no la contábamos, vamos. Ni nosotras ni las médicas de urgencias que la atendieron cuando llegamos al hospital. Una semana después estábamos en casa con la tía muy recuperada sin que sus nietos adorados y su hija bienamada la hubieran visitado.

- Una serie de trámites para que la tía recuperara el control de sus cuentas bancarias y dejara claro y por escrito su voluntad de vivir con nosotras con la consiguiente reacción por parte de "su familia": "Estamos muy dolidos contigo por esto que nos estás haciendo y no sabemos si llegará el día que te lo perdonemos..."

- DOS llamadas (una por mes) de sus nietecitos para preguntarle si pensaba pagar la factura de electricidad de SU casa (la de la tía, claro) porque no quieren regresar a vivir con sus padres ni pagar la factura pero si quieren seguir viviendo de la abuela... "Estás en el hospital? pues qué pena pero es que no puedo ir a verte porque no tengo dinero (pero tengo coche mercedes que me compraste tú)".

- Otro ingreso hospitalario de la tía por una gastritis erosiva (o algo así) que le provocaba hemorragias que se agravaban por el medicamento anticoagulante. Esta vez salimos en tres días del hospital, la medicaci´çon ya está remodelada y ajustada y esperamos que ahora sí sea la definitiva.

- Poco a poco vamos organizando la vida y tenemos ya armada una rutina en la que las tres nos sentimos cómodas y la güera y yo seguimos muy felices de tener a la Tía con nosotras...

- El día 27 de septiembre cumplí un año sin fumar y sigo sin hacerlo... CAMPEOOOONA, CAMPEOOONA, OOOOEEEE OOOEEE OOOEEEEEEE!!!

- Finalmente completé mi inscripción en la UNED y ahora estoy muerta de miedo porque en plan "soy bien salsa" metí las cinco materias del primer semestre y ahora no se si seré capaz de salir airosa del trance...

- Cumplí cuarenta y nueve años el día veintidós de octubre y mi güera me regaló un finde en Madrid para celebrarlo, nos la pasamos de maravilla aunque tuvimos que regresar desnarizadas por el segundo ingreso hospitalario...

En resumidas cuentas, que el otoño se me presenta fantástico porque por primera vez en mucho tiempo no es un otoño reflexivo sino lleno de realizaciones. Pido disculpas porque no tengo la vida lo suficientemente organizada como para comentar en los blogs que solía visitar y francamente ignoro si volveré a hacerlo al mismo ritmo, aunque sigo leyendo básicamente a la misma gente... Gracias a las amigas que se han tomado la molestia de estar en contacto conmigo a lo largo de esta ausencia, las quiero :)



septiembre 10, 2011

La familia crece

La güera y Pena Mexicana nos complacemos en informar a la comunidad de la anilla, que nuestra familia ha crecido. De común acuerdo y en el mejor momento de nuestra relación (hasta ahora), hemos decidido secuestrar adoptar a la preciosa Tía Pilar, de la que hablé en mi post anterior.

La tía Pilar prácticamente crió a mi güera, tan es así que para ella es una segunda madre. No pudo tener hijos y moría por tener una niña propia, ella y su marido cayeron en una de esas redes de adopciones raras que hubo en este país en los años setenta y "se trajo" una niña de Colombia que llegó aquí con aproximadamente diez o doce años. De su historia previa solamente se sabe que estuvo en varios orfanatos y casas adoptivas hasta que vino a dar aquí. Dicen que la personalidad se define en los primeros tres años de vida y que es determinante lo que vives hasta entonces, tu entorno, el amor que recibes, etc. Debe ser verdad... porque desde que llegó esta chica se dedicó a destruir lo que tocaba. La tía trató de volcarse en ella y a cambio recibió patadas y mordiscos figurados y literales.

Hace unos años el tío murió y desde entonces la cosa fue a mas. La chica que ahora es adulta (bien adulta), casada y con dos hijos de 21 y 24 años, se ha dedicado a gastarse la pensión del trabajo y la de viudedad de su madre y los ahorros que con tanto esfuerzo fueron reuniendo sus padres a lo largo de toda su vida... ahora sabemos que la tía aceptó por fin la invitación que tantas veces le hicimos porque se las ha visto negras y tuvo claro que si no salía huyendo de su casa, a Navidad no llegaba...

Ha estado abandonada, con una mujer que la cuidaba lo mejor que podía pero que entraba a trabajar a las 11 de la mañana y salía a las 8 de la tarde... el día de la tía (85 años, diabética, insuficiencia renal, angina de pecho) comenzaba a las 11 de la mañana cuando llegaba su cuidadora. La levantaba, le medía el azúcar, le pinchaba la insulina, la lavaba un poco, le daba de desayunar y luego la sentaba en el sillón hasta la hora en que se iba. Entre medias, limpiaba la casa, hacía la compra, lavaba la ropa, planchaba, etc... todo para los nietos de la tía que viven con ella porque no soportan a su madre. A las 8 de la tarde, hora de su salida, llevaba a la tía a darse una ducha, le daba de cenar y la acostaba... y hasta otro día! ¿15 horas sin comer para un diabético?

La tía se asustó. Se dio cuenta que le quedaba poco tiempo de vida y no quiso pasarlo sola y abandonada. Preparó todo para hacerle creer a su hija y a sus nietos que venía de vacaciones. No le dijo la verdad ni a sus hermanos ni a nadie... y cuando llegó aquí con una anemia galopante, débil, mal medicada, con unas dosis de insulina como para matar a un elefante, nos pidió ayuda. Los primeros días lloraba cada diez minutos, tan poco acostumbrada como está a tener compañía cuando se siente mal, a comer comida cocinada en casa y no comprada todos los días, a que se le escuche y (¡susto!) se le tome en cuenta se emocionaba por todo... porque le ofrecías un danacol porque los compraste para ella, porque le preguntaras si quería probar un refresco sin azúcar...

De verdad me cuesta mucho expresar en este post el maltrato al que han sometido a esta pobre mujer. Menos mal que ha podido reunir el valor de "dar el paso" como ella dice. Antes cuando le ofrecíamos venir a nuestra casa nunca nos lo había aceptado... pero ahora la vio muy cerca.

Nosotras no podemos estar más felices. Hemos descubierto que a pesar de que estamos molidas y muertas de cansancio con el cambio de vida que hemos tenido, la estancia de la Tía Pilar nos está gratificando mas a nosotras que a ella. Es algo que combina la satisfacción de estar haciendo algo útil por alguien que te necesita; el aprendizaje de escuchar sus historias, sus recetas, sus recuerdos y recibir el cariño de alguien que valora cada tontería que haces pensando en ella y te la corresponde con una preciosa sonrisa... ¿cómo puede alguien ser tan rastrero como para abandonar a otro ser humano?

Ahora somos una familia feliz de tres personas y cuatro perras... y yo sigo esperando que la hija se presente aquí para reclamarle a su madre que regrese a casa, después de todo también se le va la pensión!

Si pasa mucho tiempo sin que vuelva a escribir, será seguramente porque vino la hija, se puso tonta con la Tía Pilar y a mí me llevaron a la cárcel porque con las ganas que le tengo, si le vuelve a tocar un pelo ¡le meto la paliza de su vida!

agosto 18, 2011

De las telarañas ajenas...

Al Fecebú lo carga el diablo, estoy convencida. A Internet en general pero como hora traigo de moda al facebú, pues le toca a la plataformilla esa...

Resulta que hace unos días, sin saber ni cómo, di con el contacto de una sobrina mía. Cuando digo sobrina, me refiero a esa clase de parentesco en donde tú has cambiado los pañales de la criatura cuando nació, la cargaste, la cuidaste, la llevaste de paseo, le explicaste las cosas que no entendía en la escuela, la llevaste a su primer concierto, le aguantaste sus pataletas, le tapaste mentiras para que sus papás no la pusieran de vuelta y media... esa clase de relación lejana y superficial que una suele tener con la hija mayor de su hermana y que para más señas lleva mi nombre de tanto que me quiere su madre...

La mujer en cuestión no es una niña. Nació cuando yo tenía once años y a estas alturas, si yo estoy por cumplir los 49, ella tiene ya 38. Está casada y tiene dos hijos. Una adulta, vamos.

Hace tiempo la agregué a mi lista de Facebú y cruzamos un par de mensajes. Como el chisme ese es algo que me inspira pereza y lo uso en momentos y situaciones puntuales, no me di cuenta que un día desapareció de mis amigos, hasta el otro día, que la volví a encontrar y la tuve que volver a agregar porque entre medias ella se había dado de baja y había creado de nuevo su perfil y no me había agregado, digamos que se le había olvidado...

Volvimos a hablar, todo muy bien, que gusto verte, bla bla bla. En eso, me pongo a cotillear sus fotos y que la veo muy contenta posando con otras chicas enfrentito de la Alhambra... A ver, la Alhambra es inconfundible... ¿cuándo vino a España que no me enteré?

Pues nada... que estuvo en Granada hace menos de un mes. Incluso coincidimos porque cuando yo fui a recoger a Candela para nuestro viaje a Asturias, mi sobrina estaba allí... y yo no me enteré porque claro, no tengo el don de la clarividencia... ¡Cuánta falta hace mi madre! con ella no había secretos en la familia... tooodos sabíamos todo de todos, para bien o para mal.

Cuando me enteré... digamos que me enchilé*. Como ya no soy tan joven, me controlé y esperé a que se me bajara el enfado para no ir a meter la pata. Al día siguiente le escribo como que no quiere la cosa y le dejo caer muy disimuladamente algo así como: "¡¡¡Que te he visto en tus fotos de Granada!!! ¿Se puede saber porqué no me dijiste que venías? ¡¡¡Pedazo de sinvergüenza!!!"

Respuesta: "Ay perdóname, es que mi esposo me dijo que no saliera de Granada, además no sé qué telarañas tenía en la cabeza que pensé que yo te caía gorda (caer mal a alguien)..."

Fue como una ducha con agua helada. Automáticamente se me quitó lo enchilada y le dije: "¿Sabes qué? en las telarañas de cada quien, solamente puede entrar cada quien. En este momento de mi vida siento que no tengo ni un minuto para tratar de imaginar qué te pasó por la cabeza para suponer eso, solamente lamento que no me lo hayas dicho antes porque hubiera tenido la oportunidad de decirte que no es verdad. Como me lo estás diciendo ahora, te sugiero que la próxima vez que tengas una duda semejante, me lo digas y lo aclaremos porque, de verdad, me da pereza pensar en perder ni un instante en tonterías..."

Se lo tomó muy bien. Se supone que ahora estaremos en contacto. Lo que me ha gustado de todo esto ha sido esa sensación de... ¿cómo decirlo? algo así como negación total a quedarme detenida en cosas que no tienen que ver conmigo y seguir adelante... De ubicar que hay situaciones y pensamientos que están fuera de mi y no dependen de lo que yo diga o haga y por tanto no me los debo tomar como algo personal... y que efectivamente puedo pasar de ello...

Sospecho que en el futuro tendré numerosas ocasiones para practicar esa habilidad recién descubierta...


*enchilar1. (De chile porque pica.) tr. Irritar, enfurecer. || enchilarse. Irritarse, enfurecerse. DICCIONARIO BREVE DE MEXICANISMOS (1a ed., México, FCE, 2001)

mayo 26, 2011

Síndrome Felipito



Este padecimiento comprende, como bien sabrá quien haya leído a Mafalda, una serie de síntomas de lo más desagradables: Vagancia persistente acompañada de un incómodo sentimiento de culpa por no estar estudiando como se debe; intentos reiterados de estudio interrumpidos por cada mosca (o idea) que pasa volando; ansiedad que crece por momentos según se va acercando la fecha del examen (o fin de las vacaciones o simplemente hora de entrada); incremento de la creatividad en un intento, muchas veces vano, de encontrar una salvación de última hora; etc.

El síndrome fue descrito genialmente por Quino, que no lo denominó como tal pero lo ejemplifica magistralmente a través del simpático personaje llamado "Felipito".

Habitualmente, los síntomas se manifiestan desde temprana edad, cuando el sujeto se enfrenta al sistema escolar y poco a poco se van extendiendo a otras esferas de su vida hasta convertirse en un problema sistémico.

Muchos afectados lo sufren de manera crónica aunque la mayoría de las veces el instinto de superviviencia los lleva a desarrollar estrategias que les permiten salir airosos de casi cualquier situación.

Dicen las malas lenguas que hay tratamiento eficaz para este síndrome y consiste en disciplinarse, organizarse y renunciar a las ensoñaciones y la excesiva autoconfianza con la finalidad de dejar atrás los sofocos... muchos afectados nos resistimos a curarnos del todo...

Este post, sin ir más lejos, no es sino un síntoma más... El sábado 28 me presentaré a la Prueba de Libre Acceso para Mayores de 45 Años de la UNED... y tengo por delante un señor libro de más de 500 páginas para recordar todo lo que algún día aprendí acerca de sintaxis, fonología, gramática y todas esas maravillas comprendidas en un "Curso Básico de Lengua Española"...

Que María Moliner y la RAE me agarren confesada... ¡ash! ¡que no soy católica, leñe!

P.D.: Me quedan en el tintero muchos comentarios los blogs que frecuento, pido disculpas y espero recordar lo que les quiero decir.
Otra cosa: En ningún momento de mi post anterior quise decir que haya más lesbianas trastornadas que mujeres heterosexuales trastornadas. No es mi impresión, ni tengo ningún elemento para opinar así. Simplemente fue que yo, en mi ingenuidad, me fui a meter a un grupito que se traía una dinámica de lo más insana sin apenas darme cuenta. Eso solamente fue el primer capítulo.

mayo 19, 2011

Aprendiendo a correr a tiempo, lección 1



Hace mucho mucho tiempo me di cuenta que era lesbiana. Una vez que lo hice comencé a pensar en dónde encontrar mujeres como yo. Eran finales de los años ochenta y en mi ciudad el ambiente gay era casi casi clandestino... eso para los hombres, las mujeres como de costumbre éramos prácticamente invisibles.

Hoy en día tengo el ojo clínico bastante desarrollado pero en ese tiempo la única manera que se me ocurría para saber si una mujer era lesbiana, era preguntándoselo y por algún motivo no me pareció buena idea ir por la calle interrogando a las mujeres que no conocía, así que se me ocurrió inscribirme a clases de teatro para ampliar mi círculo de conocidos.

No había pasado ni mes y medio desde que estaba allí cuando una compañera de curso nos pidió a los cuatro o cinco que más convivíamos para contarnos (muy escandalizada) que la profesora de historia del arte le había tirado los tejos... ¡Bingo! ¡Una lesbiana de verdad!

A la distancia puedo darme cuenta que el hecho de que esa mujer anduviera por allí tratando de ligarse a una chica que era su alumna, que era evidentemente heterosexual, en un contexto como el que nos rodeaba de ciudad conservadora en país altamente machista y homófobo, que además bebiera como una cuba a cualquier hora del día, al grado de llegar a clase con aliento alcohólico no era muy buen indicio pero, ¡qué diablos! yo me moría de curiosidad...

Comencé a acercarme a ella hasta que conseguí que confiara en mi (no me costó mucho trabajo) y me contara que si, que era lesbiana, que el gran amor de su vida se llamaba L., que habían tenido algo fugaz pero que lo habían dejado pero que ella sabía que tarde o temprano volverían porque estaban predestinadas a estar juntas... también me dijo dónde estaba la disco gay y comenzó a presentarme gente del ambiente. Entre la gente que me presentó estaba (como no) la famosa L.

Cuando nos vimos pasó lo que tenía que pasar cuando una está que se muere de la curiosidad y la otra te demuestra que le has gustado... que nos liamos en 5... 4... 3... pero eso es historia para otro post.

L. me dijo que ella y la otra nunca habían tenido nada, vamos, ni siquiera un acostón porque a ella le daba mucho asco la otra, su olor, su todo; que no le parecía bien que bebiera de la manera en que lo hacía, que era super indiscreta y tenía manías muy raras y un gran desequilibrio emocional... yo había notado algo pero no me había dado cuenta de hasta donde llegaban las cosas en gran medida porque estaba tan entusiasmada con el nuevo ambiente en el que estaba entrando pero también porque yo era muy ingenua e inexperta.

No pasaron ni tres días para que coincidiéramos L., yo y la otra en una reunión. Como a la profesora ya le había llegado el chisme de que L. y yo estábamos saliendo, le faltó tiempo para tratar de meterme mano, intentar levantarme la blusa para que L. se enfadara, decirle que yo había estado con ella antes que con L. (falso)... un número en toda regla. Yo me la quité de encima y le dije que no volviera a tratar de tocarme porque no me resultaba nada agradable y que por favor respetara el hecho de que yo estaba saliendo con L.

A los dos días de esto, me llama por teléfono L. y me dice muy seria que necesita que yo sea muy fuerte. La familia de la profesora la ha llamado a por teléfono para preguntarle qué sucedió en la reunión esa a la que habíamos ido porque desde entonces había estado de mal en peor hasta que esa mañana se había tomado un bote entero de valium con cerveza y además se había pegado un balazo en el pecho. La encontraron mal herida cuando los padres volvían de comer fuera, alertados de que algo le había pasado porque un vecino había oído el disparo y al encontrarse el cuadro, antes de esperar que llegara una ambulancia habían cargado con ella y se habían ido volando al hospital más cercano.

L. Había ido corriendo al hospital y se la había encontrado intubada, había perdido medio pulmón, le habían tenido que hacer un lavado de estómago, no se que en los riñones, la bala le había pasado muy cerca del corazón pero por suerte no lo había tocado... estaba consciente y cuando la vio, le dijo con señas: "Me dí este balazo por ti..."

Si L. me pedía que fuera fuerte era porque además de todo esto, cuando fue al hospital, una de las enfermeras le dijo que entre la ropa de la suicida frustrada habían encontrado una carta dirigida a L., pero que no sabía dónde había quedado... y la carta nunca apareció. Por otra parte, al haber un arma de fuego implicada en el asunto, la policía estaba investigando si eso había sido un intento de suicidio o alguien le había disparado y a L. le había tocado pasar por un interrogatorio al ser amiga cercana.

L. me dijo que estuviera atenta por si la policía me llamaba o iba a mi casa. Me pasé unos días como idiota pegada al teléfono y saltando cada que sonaba el timbre de la puerta porque yo vivía con mi madre y no me daba la imaginación para pensar en cómo explicarle toda la película si la policía aparecía por allí...

En esta primera lección aprendí que el hecho de que una mujer fuera lesbiana como yo no significaba que tuviéramos nada en común; que yo no tenía las herramientas para protegerme de las reacciones de alguien que estuviera evidentemente desequilibrado, por lo que para mí era una labor de supervivencia no estar cerca de personas en esa situación, en la medida de lo posible y que cuando alguien trata de suicidarse, muchas veces lo hace para joderle la vida a alguien mas...

mayo 03, 2011

Crónicas de la Homologación IV (Vagabundear)





A los doce años tuve claro a lo que me quería dedicar, sentí que mi vocación era la antropología.

No era algo que pudiera estudiar en mi ciudad en esa época. Había que ir a la capital y estudiar en la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

Hablé con mi papá, le dije lo que quería y me dijo que me apoyaría pagándome la estancia, la carrera y todo. Ya me veía a mí misma viviendo en la gran ciudad, estudiando en aquel ambiente que me parecía mágico y hasta haciendo mis prácticas en excavaciones arqueológicas en el sur de mi país.

La ilusión me duró más o menos un año. Mi padre murió de manera repentina y el golpe fue tan fuerte que de pronto me sentí adulta y comencé a tomar las decisiones que consideré más racionales desde la sabiduría de mis trece años. Decidí que debía olvidarme de la antropología para estudiar algo "práctico", en lo que pudiera ganar dinero rápida y seguramente para apoyar a mi madre y no "ser una carga".

Me puse a estudiar como loca y a los dieciocho años ya era maestra de primaria y tenía mi plaza propia. Misión cumplida, trabajo y sueldo seguros de por vida.

No puedo decir que ser maestra fuera desagradable, pero no me sentía satisfecha, así que seguí estudiando y trabajando hasta que conseguí tener los titulitos suficientes como para ejercer en cualquier área relacionada con la educación a cualquier nivel.

Naturalmente después de doce años de estudios profesionales y en veintisiete de experiencia laboral una tiene tiempo para trabajar de todo lo imaginable en educación: maestra de primaria, profesora formadora de docentes, investigadora de tiempo completo, tutora de cursos a distancia, asesora de tesis de grado, diseñadora instruccional, asesora de primaria y secundaria abierta para obreros en una fábrica, coordinadora de procesos de innovación académica en una universidad... etc., etc., etc.

Siguiendo el camino lógico, cuando llegué a España me puse a intentar homologar mis títulos para trabajar en este país. Lo que ha ocurrido en este proceso está en las crónicas de la homologación precedentes y ha sido uno de esos viajes mágicos y misteriosos que si quisiera reconstruirlo no podría si no fuera porque lo tengo escrito.

Después de haberme topado en hueso tantas veces he llegado a estar como diría Serrat: "harta ya de estar harta, ya me cansé". Finalmente la lógica no me ayuda y seguir por el camino de la educación al que le he dedicado más de treinta años de mi vida profesional sigue siendo lo más racional pero comienzo a pensar que tantas trabas quieren decirme algo.

¿Qué hacer en estos casos? dejarse llevar por la intuición, así... a lo bestia y sin lógica. Me inscribí ya a la prueba de libre acceso para mayores de 45 años de la UNED. Voy a volver al principio de la historia y estudiaré antropología. Porque me apetece, porque después de tanto tiempo sigue siendo mi vocación, porque soy muy afortunada y mi güera me apoya en todos los sentidos, porque me lo debo a mi misma y a mis padres y como diría mi madre cada vez que iba a liarse la manta a la cabeza: ¡y que ruede el mundo que para eso es redondo!

marzo 31, 2011

Seis meses...


Buscando una foto para ilustrar esta entrada me he dado cuenta de las poquísimas fotos mías que hay en las que esté fumando. Es extraño. En los últimos treinta y dos años de mi vida (menos de septiembre para acá), recuerdo haber tenido a la mano un paquete de tabaco siempre.

Recuerdo haber fumado con mis amigos, con mis novias, en mi casa, en las casas de los demás, en restaurantes, cuando estudiaba, en el trabajo (oh si, hubo mucho tiempo en que eso era posible), en los viajes, conduciendo, bailando en la disco y todos los etcéteras posibles.

Se conoce que ejercí algún tipo de autocensura porque he encontrado tres fotos mías con un cigarro en la mano... Tres fotos en más de treinta años hablan de mucho control de mi parte. No puede ser casual que no me pillaran fumando en presencia de una cámara... una nunca termina de conocerse...

En realidad este post de lo que se trata es de dejar constancia de estos primeros seis meses sin fumar. La fecha exacta fue el día 27, para más señas. En este tiempo he seguido notando cambios físicos en mi: he recuperado la temperatura corporal que tenía cuando era niña. Parece una tontería pero cuando era pequeña y/o muy joven, siempre tenía los pies y mas manos calentitos. Sin importar si hacía frío, llovía o me acababa de meter a la cama. También era una persona que emanaba mucho calor, mi primera pareja incluso se quejaba de que no podía dormir conmigo porque la acaloraba demasiado (en realidad se quejaba casi por todo).

Con los años eso se me fue quitando. Conocí la desagradable sensación de tener los pies helados y las manos duras de frío... y de no poder dormir porque tardaba en entrar en calor al ir a la cama. Pensaba que era que al ir avanzando en edad mi circulación sanguínea se estaba ralentizando o algo así... ¡pues nooooooooooo! ¡No era la edad! ¡Era el tabaco!

Me percaté de que esa era la causa del cambio porque durante este invierno mi güera siempre tenía los pies fríos y yo no y muchas veces al tomarme de las manos se sorprendía de que las tuviera tan calentitas mientras ella estaba helada. Leyendo el material gratuito de un programa de apoyo para dejar el tabaco publicado por la UNED, se menciona que cuando uno deja de fumar muchas veces pasa esto, que se eleva la temperatura de las extremidades. Soy afortunada, este ha sido uno de los mejores inviernos de mi vida porque no he tenido los pies fríos ni una sola vez...

Otro cambio que he notado es que ha dejado de dolerme la garganta. Yo no sabía que me dolía hasta que esa desagradable sensación se fue... es increíble cómo puede una acostumbrarse a una molestia a tal grado que no sabes que la tienes hasta que se va...

Una cosa no positiva de todo esto es que he subido cuatro kilos. Alguien podrá decir que cuatro kilos no son muchos PERO cuatro kilos MAS los que ya tenía encima me hacen sentirme francamente incómoda así que ya estoy poniendo manos a la obra pero despacito... que tampoco me quiero agobiar.

No todo ha sido miel sobre hojuelas. Hoy por ejemplo, tengo MUCHAS ganas de fumar. No lo voy a hacer pero me apetece. La otra noche soñé que me compraba un paquete de tabaco y me fumaba uno tras otro hasta verle el fin y luego pensaba: "¿pero no había yo dejado de fumar? qué más da? lo volveré a dejar..."

En fin, que esta es una adicción muy dura... me encantaría que algunos no fumadores fueran un poco más empáticos y menos duros en sus juicios...

P.D. En esta foto, aunque no se vea a simple vista, tengo un cigarro en la mano derecha. Me la tomaron en el 2000 porque estaba estrenando coche :)

marzo 29, 2011

Àguas de março

Ea, ya está, lo admito. Marzo me sienta fatal. No es de ahora pero es ahora cuando me vengo a dar cuenta.

En este mes he reflexionado a lo pendejo muchísimo y me he dado cuenta que en años anteriores mis bajones han coincidido con el mes de marzo. Supongo que el haberme dado cuenta servirá para prevenir... y si no, al menos para tener una excusa que me permita no estarme machacando con lo perezosa que soy al no hacer las tantas cosas que he dejado de lado durante este periodo.

Pues bien... como ya me siento mucho mejor, regreso. Me pondré al día con los blogs que tengo tan abandonados, escribiré esos relatos que tengo pendientes, terminaré de perfilar ese proyecto que espero funcione y lijaré las vigas que un día sujetaron los toldos, que así como están le dan apariencia de abandono a la casa.

Para comer hoy, frijolitos a la charra y unas quesadillas, que gracias a que el Corte Inglés decidió dedicarle unos días a mi país, he podido conseguir algunas cosillas para cocinar algo mexicano que no venga en lata y matar un poquito la nostalgia de los sabores.

Musiquita para terminar...

marzo 03, 2011

Crónicas de la Homologación III



Para quien no sepa de qué va esta serie y tenga tiempo para ponerse al tanto, los antecedentes están aquí:

Crónicas de la Homologación I y aquí:
Crónicas de la Homologación II

En el capítulo anterior nuestra amiga que en esta ocasión llamaremos Ingenuota Candidez estaba cómodamente apoltronada en su casita en la creencia de haber hecho todo lo necesario para homologar su título (que a estas alturas quizá sea mejor llamar "la utopía") cuando le llegó una carta del Ministerio de Educación en la que le indicaban que le faltaba un papel. Corría el mes de septiembre de 2010. En la misma carta le indicaban que contaba con tres meses para entregar el papel o de lo contrario el trámite se declararía inexistente y tendría que volver a comenzar desde cero a armar su expediente frente al citado Ministerio.

"Como he recibido la carta certificada el día 15 de septiembre, quiere decir que tengo hasta el 15 de diciembre para entregar el papel. Escribiré una carta a E. (la hija de mi amiga que me ayuda a hacer estas cosas) y e diré que tengo mes y medio para entregarlo... no vaya a ser que se cuelgue con el tiempo..."

Ingenuota se sentía de lo más inteligente por haber pensado en decirle a E. que el plazo de tiempo era la mitad de lo que en realidad tenía... aja...

E. Le contestó que iría a solicitar el papel y cuando tuviera novedades le informaría. A la semana le dijo que en la Universidad no tenían N.P.I. (Ni Puta Idea) de cómo hacer el papel ni de dónde sacar la información para hacerlo ni de qué planeta estaban habitando.

Ingenuota le dijo a E. que no había problema. Ingenuota que en la primera entrega de esta saga no había sido capaz de conservar sus certificados de estudios, por alguna extraña razón que no alcanza a entender si contaba con las boletas de calificaciones de cada semestre cursado y por algún milagro esas boletas habían llegado a España junto con Ingenuota y su equipaje... ah! misterio!. La ciudadana Candidez procedió a escanear las boletas y se las envió a E. porque sabía que de allí se podría sacar la información para el papel. También le explicó detalladamente qué formato debía tener y cuándo lo necesitaba. Le pidió que lo imprimiera para que en la Universidad lo leyeran y se enteraran...

Dos semanas después, E. se comunica con Ingenuota y le dice que el papel está en marcha. ¿Será posible que esto si salga bien? Pues no. La siguiente noticia que hay es que el papel, que ya está listo, no puede ser apostillado porque le falta ser legalizado. El trámite de legalización es lento y burocrático y se tiene que realizar en la Secretaría de Educación Pública de México.

A estas alturas el plazo ficticio que Ingenuota le había dado a E. está superado. Como ha dicho mentiras ahora se hace bolas y le dice a E. que ha conseguido una prórroga pero que no puede ser mayor a mes y medio... en fin. Con un poco de suerte aún estará a tiempo...

Pasan los días y E. se vuelve color ojo de hormiga, o sea, desaparece. No contesta ni en el correo ni en el facebú ni nada de nada. Ingenuota que no está para gastar un potosí en llamadas intercontinentales decide relajarse y dar por perdido el trámite. Habrá que comenzar otra vez...

Año nuevo. Ingenuota Candidez está lista y con las pilas recargadas para recomenzar con el trámite y le escribe a E. para saber de el papel porque está convencida de que al iniciar el nuevo expediente se lo pedirán. E. Sigue sin responder. Ya un poco mosqueada Ingenuota decide escribirle a la madre de E. para ver qué sucede. Lo que sigue es parte de la respuesta:

"Hola amiga mira lo de tu papel ha sido toodo un lío .....yo llevé a E. a la SEP pues ya sabes lo complicado que es llegar, la cosa es que ellos dijeron que la persona que firmó el papel en la universidad ya no era la encargada oficial y que lo tenían que volver a hacer (el papel en la universidad).

Pero antes de eso E. decidió enviártelo para que lo veas pues no dice exactamente lo que nos pediste y no tiene caso volver a hacer el trámite si no te funciona así, en fin ya le pedí que se comunique contigo te escanee el papel y todo.
Yo tambien siento que no te podamos ayudar, yo aun en un puesto de la UNI y con la menopausia encima, y E. a punto de titularse (ha estado muy nerviosa porque termina en mayo y no tiene muy claro que va a hacer, además acaba de terminar con el novio etc.etc.)
Por cierto la vida en Monterrey se han vuelto muy pesada, todos con un poco de locura encima......
Bueno no me despido espero continuar en contacto.
Besitos M."

O sea... quizá no sea tan mala idea olvidarme de que algún día tuve estudios universitarios... ¿Continuará?

P.D. ¿Alguien tiene un BUEN enchufe en el Ministerio de Educación?

febrero 17, 2011

Qué será, será





Lo malo de haber sido tan radical en una época de la vida es que años después una termina oyendo la voz de su madre diciendo: "más pronto cae un hablador que un cojo."

Cuando yo era realmente joven se me llenaba la boca diciendo muy atrevidamente que cuando las mujeres se casaban y dejaban de trabajar fuera de su casa se les clausuraba una sección del cerebro y no sabían hablar de otra cosa más que de su casa, sus hijos (si los tenían), sus guisos, las ofertas del super, etc.

Y me atrevía a decirlo con mucha suficiencia porque claro, yo estaba segurísima que no me iba a casar y que nunca, bajo ninguna circunstancia, dejaría de trabajar fuera de casa. ¿¿Yo?? ¿¿La proveedora?? ¿¿La que mantenía su casa?? ¿¿La que tenía esa vida académica tan interesante?? ¿¿Porqué rayos iba yo a cambiar mi vida de esa manera??... porque más pronto cae un hablador que un cojo...

No puedo ni quiero quejarme de la vida que llevo. Hay cosas que me gustarían, como tener un trabajo fuera de casa, pero la verdad es que tengo una vida fantástica. Tengo una pareja mejor de lo que me pude haber imaginado que me apoya al cien por cien en todo lo que se me pasa por la cabeza y que tiene una paciencia de Santo Job conmigo, encima, me quiere como no me ha querido nadie más. Tengo tiempo para leer y escribir todo lo que quiera, para tejer, coser, hacer experimientos en la cocina, hacer básicamente lo que me da la gana.

Pero me arrepiento de haber sido tan dura con otras mujeres. Ahora sé que la "tontificación" del discurso de una persona no tiene que ver con su estado civil o su actividad laboral sino con la pereza que tenga por mantenerse al día. También sé ahora que la vida es algo más que trabajo y que la actividad laboral no me confiere ningún valor extra al que tengo por mi misma como persona. He aprendido que al menos para mi, los pronunciamientos radicales no tienen que ver tanto con las convicciones como con la inflexibilidad de mi criterio... y que con frecuencia esa radicalidad se aleja y mucho de el raciocinio.

Soy un ama de casa. Y lo he disfrutado. Contra todo pronóstico... ¡me gusta!
Sin embargo, hay ocasiones, cuando leo algún post, cuando oigo que se anuncia algún curso que me interesa o cuando me encuentro algún documento en el ordenador, me acuerdo que tuve otra vida y comprendo que eso también me hace falta. Que no es bueno para mí a largo plazo rendirme a la inercia que me lleva a quedarme como estoy y que si consigo salir de la comodidad y encuentro o me invento una actividad remunerada, estaré más cansada pero mucho más feliz.

Si sigo como voy, cualquier noche de estas vendrán mi madre y mi abuela a jalarme los pies por la noche...

enero 31, 2011

Crónicas de la Homologación II



Hace unos meses, en abril, publiqué la parte I de esta serie. Ahora que han pasado nueve meses puedo comentar los avances que he... ¿tenido?.

Increíblemente y a pesar de los pesares la hija de mi amiga consiguió enviarme todos los papeles requeridos. Me dirigí entonces a la subdelegación de gobierno con todo debidamente apostillado, fotocopiado en tamaño original, reducción y duplicado (por si acaso).

Ese día la suerte estaba conmigo. Llegué a las 11:55 y tomé un numerito de los que dan en esa oficina para organizar los turnos para pasar a hablar con los funcionarios. A las 12:00:01, una funcionaria va y retira no los números sino la máquina completa... a las 12:01 llega una chica que busca los numeritos y pregunta por ellos. La funcionaria le dice que ya no hay y que vuelva al día siguiente. No hay manera de que la chica pase a hablar con nadie aunque la oficina cierra a las 14:00.

Toca mi turno, voy a hablar con una funcionaria que, dicho sea de paso, es muy amable. Como ella ve a muchas personas cada día y ha pasado tanto tiempo no me recuerda pero yo a ella si. Es la misma que me atendió hace meses. Vuelvo a relatarle mi caso, a presentarle mis papelotes, a explicarle porqué quiero tal título y no tal otro, a enseñarle las cartas de recomendación que ella misma me dijo que me serían de utilidad y me ve como si yo fuera una genia por haberlas llevado, obviamente no recuerda habérmelo sugerido.

Entrego mi comprobante de pago de tasas (noventa euracos) y... me falta la fotocopia del NIE... shit! Me dice que puedo ir a la planta baja del edificio en el que estamos y que allí hay una máquina fotocopiadora pública... bajo y me encuentro con que la maquinita funciona con monedas de cinco céntimos. De ninguna otra denominación... ¡no llevo! ¡malditas manías! ¿quién me manda a mi a deshacerme de la calderilla y no acumularla nunca? pero espera... ¡Qué suerte! ¡en esa máquina hay una copia que alguien no sacó! claro, como de cada moneda de cinco céntimos sacas dos copias... lo aprovecho y agradezco al benefactor anónimo.

Vuelvo, entrego la copia... ¡ah! ¿también tenía que sacar el reverso? bueno... ahora vuelvo... salgo de la oficina y comienzo a pedir a todos los que se me cruzan en el camino "una limosnita por el amor de Dios". Consigo la mentada moneda, saco la copia y dejo una copia sin aprovechar para beneficio de algún desconocido ingenuote que venga detrás de mi. Vuelvo. Entrego la copia. Me mandan a hacer una fila kilométrica para entregar el expediente y que me den el número de registro con el que lo mandarán al Ministerio de Educación.

Me aclaran que pasarán de tres meses a seis meses antes de que tenga noticias. Regreso a mi casa y me ubico cómodamente a esperar sentada. No hay tiempo suficiente como para que eche raíces esperando, en octubre me llega una cartita muy linda del Ministerio de Educación diciéndome que mi expediente está incompleto. Falta UN papel que ni con toda mi imaginación ni con todos los consejos de la funcionaria amigable pude preveer que necesitaría... Esto es una pesadilla.

¿No me inscribiré en alguna primaria para adultos? sospecho que todo sería más rápido así...

Continuará...

diciembre 28, 2010

Depresión



Dice Candela y tiene razón, que las cosas hay que llamarlas por su nombre para que si alguien las busca, las encuentre.

Por ese motivo este post lleva el nombre "depresión" aunque también podría haberse llamado "balance del último lustro" y es que los últimos cinco años de mi vida han sido muy fuertes emocionalmente, de hecho los más fuertes (por acumulación de acontecimientos) y eso pasa factura. Cuando tenemos en la vida un evento que nos desestabiliza ya sea por tristeza, dolor o incluso felicidad extrema, se ve alterado en nuestro cerebro el nivel de una sustancia que se llama serotonina.

Como la naturaleza es sabia, ese nivel se restablece pasado algún tiempo si no sucede nada que impida o altere ese proceso. El problema viene cuando los eventos se suceden uno tras otro. Hace algún tiempo me comentaba farala un ejemplo que le pusieron a ella y que clarifica el asunto: el nivel normal de serotonina se podría imaginar como una cisterna llena. Cuando pasa algo traumático, se vacía la cisterna. El organismo vuelve a llenarla... pero si a medio camino sucede otra cosa la cisterna se vuelve a vaciar sin haberse llenado del todo. Si eso pasa una y otra vez, llega el momento en que la cisterna se vacía del todo y el organismo ya no es capaz de estar rellenándola, de alguna manera se ha olvidado de cómo hacerlo o simplemente no se ve capaz. Entonces viene la depresión y una siente que está bajo una loza de la que no es fácil salir... pero ojo, ¡es posible!

Reflexionando me he dado cuenta que en mi caso la depresión era casi casi inevitable. Vean un listado de lo que he recordado que me ha sucedido en los últimos cinco años:

- enero de 2005. Termina la relación que yo pensaba que tenía desde 1999. Da igual que fuera o no realmente una relación, yo lo vivía de esa manera y cuando me mandaron a freír espárragos me puse como basilisco...

- julio 13 de 2005. Conozco a mi güera y mi mundo entero se pone de cabeza...

- octubre 25 de 2005. Muere mi madre y lo que no se había sacudido antes, ahora pierde su sitio.

- inicios de 2006. Mi güera y yo decidimos vivir juntas en España y comienzo a cerrar mi vida en México.

- septiembre de 2006. Muere mi primo Guillermo. Su proceso final es devastador para mi porque me acerco a él para acompañarlo y él se abre conmigo como con nadie...

- principio de 2007. Cierro el ciclo de mi vida en México.

- marzo de 2007. Me traslado a vivir a España.

- abril de 2007. Nos mudamos a la casa donde ahora vivimos. Nuestra casa, donde hemos depositado ahorros, ilusiones, nuestro proyecto de vida en común.

- julio 13 de 2007. ¡Nuestra boda!

- final de 2007. El mayor de mis sobrinos, de 36 años, sufre un ictus. No puedo ir a México a verlo. Por fortuna sale bien pero es un super susto.

- abril de 2008. Repentinamente muere mi primo Richard. Siento como si en menos de tres años se me hubiera ido la mitad de mi familia más cercana.

- final de 2008. Lo económico va cada vez peor. Me voy sintiendo cada vez más impotente. Comenzamos a pensar que podriamos perder la casa... ¡nuestra casa!

- abril de 2009. Mi güera cae en depresión. Decido vender mi casa de México. La casa familiar. Mi madre decía que los bienes son para remediar los males, ea!

- verano de 2009. Pesadilla total. Espera por vender la casa. La medicación no hace mucho efecto en mi güera. Sé que las cosas se resolverán pero no sé si lo harán a tiempo de evitar que tengamos líos más serios con la hipoteca...

- septiembre de 2009. Sale comprador para mi casa. Me voy a México para firmar las escrituras. Muere mi Paca. Vuelvo a ver a toda mi gente mexicana. Mi güera comienza a recuperarse, con el dinero conseguido al fin podemos sanear nuestras finanzas y reestructurar las deudas...

- final de 2009. Comienzo a relajarme pero me siento "rara". Muy cansada.

- marzo de 2010. Me rompo. Un día comiendo con mi güera comienzo a llorar y no puedo parar. No sé porqué estoy llorando y solamente atino a decir que no sirvo para nada y que estoy vieja y fea...

No me considero una persona débil ni pesimista, pero la depresión le puede llegar a cualquiera y llega porque la vida a veces viene complicada y por muy bien que lo lleves, nadie nace siendo superwoman. En estos meses he recordado (porque ya lo sabía) que deprimirse no es motivo para sentirse culpable ni inútil ni tonta. Deprimirse es enfermarse y los medicamentos están allí para ayudarnos.

En mi caso mi güera cargó conmigo y me llevó con nuestra médica. Ella me recetó un atidepresivo suave y me dijo que tenía que tomarlo por un periodo mínimo de seis meses. Nueve meses después estoy mucho mejor. Sigo tomando medicación y seguiré mientras que mi médica no me diga lo contrario. No quiero volver a perderme de vista, no quiero volver a olvidarme de quién soy y de cuánto me quiero. No quiero abandonarme de tal manera que se me olvide que me gusta usar pulseras y pendientes y perfume...

Tampoco creo necesario demostrar que puedo salir adelante sin medicamentos. Después de todo, si tuviera diabetes mis niveles de insulina no se normalizarían a golpe de fuerza de voluntad, ¿verdad?, pues esto es lo mismo. Química pura y dura.

La terapia también ayuda. Yo había llevado terapia antes de vivir aquí y las herramientas que me habían enseñado mis terapeutas de pronto están accesibles de nuevo una vez que el manto depresivo se ha retirado de ellas...

El año próximo desde luego que pinta mucho mejor que este que termina. La diferencia es que me siento mucho más fuerte y segura, ¡me he reencontrado conmigo misma!

diciembre 10, 2010

Te digo que no

Pues bien... dice el quitómetro que hace dos meses y una semana que nos separamos. La verdad es que a veces siento como si fuera mucho más tiempo. Por ejemplo cuando fui al examen teórico para obtener el carnet de conducir. Ese día había mucha gente esperando a que nos dejaran entrar al sitio donde nos examinarían y gran parte de ese grupo estaba fumando. Fumaban mucho y con ansiedad, lo normal cuando una está nerviosa... o no, porque yo que soy fumadora de largo recorrido podía verlos con una cierta distancia. Como si la cosa no fuera conmigo. Ese día habían pasado tres semanas desde nuestro último encuentro y me sentí sorprendida de no desearte a pesar de estar tan o más nerviosa que los demás.

Poco después mi güera y yo estuvimos de visita con Lena y Amapola y conversando con esta última ella me decía que debía yo sentirme muy orgullosa de seguir resistiendo y que seguramente vería a los que seguían fumando como si fueran tontos. Entonces sentí que te había dejado el día anterior y que no era capaz de sentirme superior a nadie por la simple razón de que no creo que vaya a estar libre de tí nunca. Sé perfectamente que el día que te vuelva a probar no te dejaré, al menos no en ese día.

En resumen, voy viviendo día a día y de pronto me doy cuenta que se han acumulado ya setenta y cinco días sin mi querida niebla en tubo... el otro día soñé que te llevaba a mi boca y te encendía como tantas veces... y en el sueño pensaba "¿pero qué estoy haciendo? ¡si lo he dejado ya!" y te tiraba al suelo y te pisoteaba y me daba manazos en las manos yo sola, me desperté sintiéndome culpable y todo.

En fin cariño, que sigo resistiendome a volver a caer. Te cuento las ganancias hasta ahora: dicen que mi cutis ha mejorado y aquí entre nos, yo también lo noto... y mi güera también; he dejado de roncar por las noches; mi olfato ha mejorado hasta un punto que no sospechaba que podría mejorar, más bien ya ni recordaba lo que se siente tener olfato; ¡he vuelto a cantar sin toser!... no sé si vaya a haber más cambios pero por los que hasta ahora he tenido, te dedico esta canción...

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