enero 17, 2012

Hasta siempre

Cuando yo era niña mi familia paterna era un auténtico clan. Mis abuelos paternos tuvieron once hijos de los que sobrevivieron diez y todos se casaron. La que menos tuvo dos hijos y el que más, siete. 

Las reuniones familiares eran tumultuosas y con frecuencia saludabas con mucho amor a gente que no conocías pero que sabías que llevaba tu apellido o por lo menos era tu pariente de alguna manera. Estábamos repartidos por diversos puntos de la República Mexicana y Estados Unidos y nos veíamos poco pero conseguíamos tener una reunión al año más o menos. El motivo generalmente era la visita de alguien de fuera que venía a Monterrey, donde estaba "la sede" de la familia por vivir allí mi abuela.

Crecer en un clan así tiene ventajas y desventajas. Entre lo malo, está el hecho de que hay ciertas normas de comportamiento y ciertos parámetros de desempeño que se esperaban de tí por el simple hecho de formar parte de "la familia": que todos fuéramos inteligentes, con excelentes notas académicas, con una carrera profesional por lo menos, capaces de hablar en público, sanos, con buen oído musical, guapos o por lo menos atractivos, con un fuerte carácter, heterosexuales, blanquitos, políglotas, líderes, de religión bautistas... había que trabajar mucho para encajar en el perfil y algunos optamos por dejarlo por la paz.

Entre lo bueno estaba la sensación de pertenecer a un grupo fuerte y extenso que te podía resguardar si habías pagado el peaje de seguir las reglas.

No reniego de ese origen, al revés, el haber sido la oveja negra curte y fortalece. Al final de las cuentas terminas siendo tan orgullosa como ellos pero por otros motivos...

Todo esto me ha venido a la mente precisamente hoy porque en semejante grupo hay más de una manera de desmarcarse. La mía fue alejarme para ser capaz de establecer mi identidad propia y volver a la familia cuando me sentí segura de poder defender mi posición de cualquier comentario crítico y/o piadoso. Otros eligieron ocultarse y alguno más se alejó y construyó una identidad oculta para los demás... 

Pero hay otro tipo de disenso que me parece muy valioso y lleno de amor que es el que practicaba, por ejemplo, mi tío Bob. Él era el marido de la más joven de las hermanas de mi padre y era ministro episcopal, o sea, un hombre muy religioso. A él le encantó saber que mi güera y yo nos habíamos conocido y casado. Me quiso más cuando supo que yo era lesbiana y no ocultó su preferencia por mi. Me hizo sentir valorada por no esconderme y no sé qué ingeniería mental tuvo que hacer para conciliar sus creencias y su amor por mí y por su hijo Richard, pero lo hizo sin echarnos en cara su trabajo interno... Mi tío Bob es una de esas personas que hacen que este mundo sea un sitio mejor simplemente porque ellos están en él.

Esta mañana he amanecido con la noticia de que mi tío Bob ha muerto y aunque no fuimos los típicos familiares que están en comunicación frecuente, no he podido dejar de llorar pensando que este mundo nuestro de visibilidad, orgullo y respeto, hoy es un poquito más pobre.

Me gusta pensar que ahora estarán mi tío y mi primo en una conversación como esta...


See you later dear uncle Bob...

11 comentarios:

  1. Cuando se van personas buenas, de las que hemos aprendido y que nos han querido todo se hace más cuesta arriba, pero queda su huella. Un besín.

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  2. See you later... También creo cada vez creo más en que esas despedidas no son para siempre. Por si lo fueran, siempre se queda acompañándonos esa huella de la que habla Marcela. Un beso, querida Pena.

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  3. La mayor prueba de amor que puede dar una persona es querer por encima de sus ideas como hizo el tío Bob con Rochard y contigo. Eso es lo que marca la diferencia entre una buena persona y una persona excepciona.

    Ojalá pudiera estar ahí para darte un abrazo fuerte, fuerte.

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  4. Sigue en tus palabras, en tus lágrimas y en su ejemplo.
    Un abrazo

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  5. Mis condolencias, Pena. Y si guardas un recuerdo bueno de él, será fantástico porque significa que hizo feliz a alguien, y eso un hermoso hito en la vida.

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  6. Lo siento Pena. De verdad que estos momentos de pérdidas son horribles y poco se puede decir. Siempre se nos van los mejores.

    Besos

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  7. Un abrazo, grande, muy grande, porque es en estos momentos cuando se agradece la presencia de los que aún seguimos aquí. :)

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  8. Richard y Bob están conversando con nuestras madres tan ricamente! Siento mucho tu pérdida... Un abrazo intenso y lleno de ternura.

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  9. seguro que están en una conversación así, delante de un libro y una taza de café

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  10. Y qué mal se lleva eso desde tan lejos, sin el último adiós.

    Un beso fuerte.

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